Acerca de la temporalidad en la fotografía



La obturación es el momento de la muerte, o la muerte del momento, que quedará eternizado en una imagen. Ese momento, que es siempre el recorte de una realidad, está estrechamente ligado a un espacio y a un tiempo. Toda imagen fija "congela" un momento; pero no siempre registra un momento "preciso". La imagen- foto puede captar un recorte del espacio y el tiempo sin que este sea un instante preciso.

Podríamos afirmar que el fotoperiodista busca por principio capturar el "instante revelatorio", o como afirmó Cartier Bresson el "instante decisivo". Alejándose de esta tarea, Robert Frank decidió capturar el "momento estético". En esta imagen- foto "Bon jour Maestro", la preparación de este momento permite problematizar acerca de la construcción de una idea de tiempo al interior de la imagen. Ciertos elementos que componen esta fotografía permiten, en el momento de la lectura, crear una noción de secuencia temporal.

En este caso se trata de una fotografía sin sujeto en la que la protagonista es siempre la imagen, y no un sujeto fotografiado que ayudado por la composición y el encuadre toma protagonismo, como en el caso de las imágenes de Bresson.

Robert Frank alguna vez afirmó: "No existe un momento decisivo, hay que crearlo. Tengo que hacer lo necesario para que aparezca delante de mi objetivo". Por ello, en "Bon jour Maestro" podemos ver una composición estética mucho más incisiva, premeditada y patente.  En ella adquiere relevancia un peculiar sentido estético. Podría decirse que esta fotografía en su interior conforma una realidad creada por el empeño de la mirada de Robert Frank y en donde se potencia la intencionalidad estética.

Una fotografía puede existir sólo a condición de que un objeto sea puesto delante de una cámara. El objeto tuvo que estar necesariamente allí. Las imágenes fotográficas permiten congelar en el tiempo al objeto que está presente allí, más allá del tiempo en que existió.

La fascinación que "Bon jour Maestro" produce es que combina diferentes imágenes donde los objetos de las mismas en algún momento posaron ante una cámara pero los vemos gracias a que esas fotografías que los contienen se convirtieron posteriormente en el objeto que finalmente Robert Frank iba a fotografiar. "Bon jour Maestro" es una imagen en la que vemos como la cosa de otro tiempo se convirtió en la cosa necesariamente real que finalmente posó ante la cámara. Por ello podría pensarse que en esta foto que contiene otras fotos se da un juego entre distintos tiempos y espacios.

Esta fotografía de Robert Frank contiene varias imágenes que fueron tomadas en distintos momentos. Esto plantea interrogantes acerca de la temporalidad y la espacialidad, ya que se supone que para la obtención final de esta imagen se sucedieron distintos estados espacio- temporales, así como una especie de secuencialidad implicada a medida que Robert Frank iba tomando las distintas fotografías que iban a concluir dentro de una misma imagen.

En este caso, Robert Frank juega con los espacios, con la foto que, en sucesión, arma otra foto, con el marco que esta dentro de los límites del papel fotográfico, y con muchas otras cosas  que sólo el autor debe conocer.

Varios teóricos de la fotografía definen a la misma como la cristalización de un instante. Y, por esta falta de experimentación de una duración -que sí se produce, por ejemplo, en el caso del cine que imita los sucesos en devenir- se puede sostener que la fotografía detiene el tiempo. Se podría pensar a "Bon jour Maestro" como una búsqueda de inscribir el paso del tiempo dentro de los elementos que la imagen- foto ofrece. En el caso examinado lo que puede verse es, precisamente, la construcción de una sucesión de imágenes al interior de la imagen, lo que puede plantearse como una secuencia interna a la fotografía. Aquí, cada imagen, parte de la imagen final, es huella de un espacio- tiempo único, singular e irrepetible; cada imagen se corresponde con un instante y, a su vez, es re-utilizada para la producción de un nuevo momento.

Lo fundamental reside en distinguir el tiempo perteneciente a la imagen y el que pertenece al espectador. Existe un tiempo perteneciente a la imagen y uno que pertenece al espectador. Todo acto de recepción de una imagen fotográfica implica su inserción en el horizonte temporal y espacial del receptor.

La fotografía es un signo de recepción donde el interpretante es quien atribuye temporalidad y espacialidad. Es el mismo quien puede asignar un sentido al dispositivo fotográfico. Por lo tanto, el tiempo que la fotografía representa es un tiempo construido, hay una intersección entre el tiempo cero de la fotografía y la temporalidad propia del interpretante, quien desde el presente produce una distancia temporal.

"Bon jour Maestro" permite dar cuenta de la distancia temporal entre la imagen final que vemos, y las fotografías que están incluidas dentro de la misma, momentos diferentes de creación. El espacio- tiempo de la producción de las imagen puede reconstituirse, comprenderse, en el tiempo y espacio de la lectura, a partir de las marcas en la imagen- foto.

A pesar de que la fotografía no tiene memoria y que de por si está destemporalizada, el interpretante puede dar cuenta de que las imágenes contenidas en "Bon jour Maestro" fueron tomadas en distintos momentos del pasado, es decir, sabe que fueron tomadas en una sucesión de diferentes estados espacio-temporales. Se trata de una imagen fija en la que se da una construcción particular de la temporalidad en su interior gracias a la representación de diferentes coordenadas temporales y espaciales dentro de una misma imagen.